Jóvenes activistas climáticos buscan revivir demanda contra las políticas energéticas de Trump

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Un grupo de 22 jóvenes demandantes está luchando para revivir su batalla legal contra la administración Trump. Al comparecer ante el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito el lunes, el grupo argumentó que la desestimación de su demanda por parte de un tribunal inferior fue un error, afirmando que las acciones ejecutivas que favorecen a los combustibles fósiles infringen directamente sus derechos constitucionales.

El núcleo de la disputa

La demanda, Lighthiser v. Trump, apunta a tres órdenes ejecutivas específicas destinadas a “desencadenar” la producción de energía nacional. Los demandantes, representados por la abogada Julia Olson y la organización sin fines de lucro Our Children’s Trust, sostienen que estas órdenes:

  • Eludir los marcos legales y constitucionales existentes para la regulación energética.
  • Acelerar el calentamiento global dando prioridad a la expansión de los combustibles fósiles.
  • Representar una amenaza directa a la salud, la seguridad y el futuro de la generación más joven.

Olson argumentó ante un panel de tres jueces en Portland que el Presidente efectivamente “reescribió la ley de energía” sin la autoridad legal para hacerlo, creando un precedente que socava las protecciones ambientales establecidas.

El obstáculo legal: “demasiado amplio” para los tribunales

La lucha legal actual surge de un fallo de octubre del juez federal de distrito Dana L. Christensen en Montana. Si bien el juez reconoció la gravedad de las reclamaciones de los demandantes, su decisión de desestimar el caso se basó en un principio fundamental del poder judicial.

El juez Christensen señaló que si bien los jóvenes proporcionaron pruebas convincentes de que las órdenes ejecutivas exacerbarían el cambio climático y pondrían en peligro la salud pública, las cuestiones que plantearon eran demasiado amplias y sistémicas para que el poder judicial las resolviera. En términos legales, el tribunal consideró que los problemas “no son justiciables”, lo que significa que son cuestiones de política pública amplia que deberían ser abordadas por los poderes legislativo o ejecutivo, en lugar de hacerlo a través de un tribunal.

Una tendencia creciente de litigios climáticos

Este caso no es un hecho aislado; es parte de un floreciente movimiento de litigio climático liderado por jóvenes. En todo Estados Unidos, los jóvenes utilizan cada vez más el sistema judicial para responsabilizar a los funcionarios gubernamentales por las políticas ambientales.

El Departamento de Justicia, representado por el abogado John Adams, está presionando al tribunal de apelaciones para que confirme la desestimación. La defensa del gobierno se basa en gran medida en precedentes legales, citando específicamente la desestimación de Juliana v. Estados Unidos (un caso de alto perfil que involucra a muchos de los mismos demandantes) que de manera similar concluyó que los tribunales no son el foro adecuado para gestionar la política climática global.

La tensión central en estos casos radica en si el poder judicial tiene la autoridad para intervenir en cambios ambientales masivos y sistémicos, o si ese poder pertenece únicamente a los funcionarios electos.

Conclusión

La decisión del Noveno Circuito servirá como un indicador crítico de si el sistema legal estadounidense está dispuesto a reconocer los derechos impulsados por el clima como reclamos legales procesables o si tales cuestiones deben permanecer estrictamente dentro del ámbito de la política política.