Antigua momia boliviana desafía creencias arraigadas sobre los orígenes de la escarlatina

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Nueva evidencia genética de un antiguo cráneo momificado está obligando a historiadores y científicos a repensar una narrativa fundamental de las Américas: la idea de que muchas enfermedades devastadoras llegaron exclusivamente con los colonizadores europeos.

Al analizar un diente de un individuo masculino que vivió en las mesetas de gran altitud de la actual Bolivia entre 1283 y 1383 EC, los investigadores han identificado rastros de Streptococcus pyogenes, la bacteria responsable de la escarlatina. Este descubrimiento sitúa la infección en América siglos antes de que Cristóbal Colón llegara al continente en 1492.

Reescribiendo la narrativa de la “enfermedad fronteriza”

Durante décadas, el consenso histórico predominante ha sido que las “enfermedades fronterizas” (como la viruela, el sarampión y la difteria) fueron traídas a las Américas por los europeos, devastando a las poblaciones indígenas que carecían de inmunidad.

La presencia de escarlatina en una momia boliviana precolombina sugiere que esta narrativa está demasiado simplificada. Si la escarlatina ya circulaba en América mucho antes del contacto europeo, ello implica que:
– Las Américas no eran un “vacío biológico” aislado de patógenos globales.
– Los patógenos pueden haber viajado mucho antes a través de antiguas migraciones humanas, posiblemente a través de Siberia.
– El impacto biológico del “Intercambio Colombiano” fue mucho más complejo que una simple introducción unidireccional de gérmenes.

Este hallazgo sigue a descubrimientos recientes similares sobre la sífilis y la lepra, las cuales parecen haber tenido historias mucho más largas e independientes en las Américas de lo que se creía anteriormente.

Un gran avance en el análisis del ADN antiguo

Extraer información fiable de restos que tienen cientos de años es muy difícil. El ADN del diente boliviano estaba muy fragmentado y degradado, lo que presentaba un enorme desafío técnico para el equipo de científicos de Italia y el Reino Unido.

Superando el obstáculo de la “contaminación”

Tradicionalmente, los investigadores en el campo del ADN antiguo (ADNa) descartaban secuencias genéticas más largas, por temor a que fueran simplemente contaminación moderna. Sin embargo, este estudio utilizó un enfoque diferente:
Patrones de daño químico: Los investigadores utilizaron marcadores químicos específicos para demostrar que las secuencias más largas eran tan antiguas como las fragmentadas.
Trabajar sin “caja”: El microbiólogo Mohamed Sarhan de Eurac compara el proceso con resolver un rompecabezas sin saber cómo se ve la imagen final. Al no depender en gran medida de las “plantillas” genéticas modernas, el equipo evitó el sesgo de las ideas preconcebidas modernas, lo que les permitió identificar variantes genéticas que tal vez ya no existan en el mundo actual.

Identificación del patógeno

El análisis reveló la presencia de genes de virulencia centrales, lo que confirma que esta antigua cepa era de hecho un patógeno capaz de causar infecciones de garganta, en lugar de un pariente inofensivo de la bacteria.

Por qué esto es importante para la medicina moderna

Si bien los antibióticos han transformado la escarlatina de una de las principales causas de muerte infantil y discapacidad permanente (como pérdida de visión y audición) a una afección manejable, la investigación sigue siendo muy relevante.

Como cepas modernas de S. pyogenes enfrenta desafíos cada vez mayores debido a la resistencia a los antibióticos, comprender la profunda historia evolutiva de la bacteria es vital. Al mapear cómo ha cambiado el patógeno a lo largo de miles de años, los científicos pueden prepararse mejor para tratamientos futuros y rastrear la evolución de la virulencia bacteriana.

Este descubrimiento hace más que simplemente reescribir la historia; refina nuestra comprensión de cómo la migración humana y la evolución microbiana han estado entrelazadas durante milenios.

En resumen, el descubrimiento de la escarlatina en una momia precolombina sugiere que muchas enfermedades del “Viejo Mundo” ya estaban establecidas en las Américas mucho antes de la llegada de los europeos, alterando fundamentalmente nuestra comprensión de la historia de las enfermedades globales y la migración humana.