Edward G. Robinson: El pequeño César que definió el género de los gánsteres

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Se suponía que no iba a durar.

Corto. Regordete. Facciones pesadas que gritaban “tipo duro” incluso cuando estaba quieto. Edward G. Robinson no tenía la clásica mandíbula de Hollywood y no trató de ocultarla. Se apoyó en la arena.

Nacido Emmanuel Goldenberg en Bucarest, Rumania, el 12 de diciembre de 1893, llegó a los EE. UU. con un nombre que no vendería entradas. Él lo cambió. Se instaló en el caótico latido del Lower East Side de la ciudad de Nueva York. Fue allí, en medio del ruido y el hambre, donde encontró una beca para la Academia Estadounidense de Arte Dramático.

Durante años fue actor de teatro. Las luces eran brillantes, el público estaba allí y el trabajo era duro. Luego vinieron las películas sonoras. La industria cambió. Robinson se movió con él.

Por qué El pequeño César (1931) cambió Hollywood para siempre

No se puede hablar de él sin hablar del Pequeño César. Lanzado en 1931, no fue sólo un éxito. Era un plano. Robinson interpretó a Rico Bandello, un jefe mafioso que se creía más inteligente que la ley. Él no era un héroe. No era un villano en el sentido de los dibujos animados. Era ambicioso con un arma.

La película le ganó fama. Cimentó un tipo. Robinson estaba contento con esto. Sabía cómo era. Sabía lo que la gente esperaba. Roles difíciles. Partes del personaje. Los rasgos pesados. La voz ronca. Él era el dueño.

Pero él no era de una sola nota. No precisamente.

Más allá del gángster: el alcance de Robinson en el cine negro y el drama

Las décadas de 1930 y 1940 fueron su época dorada, pero no se limitaba a golpear a la gente. Interpretó personajes complejos, a menudo trágicos.

En Barbary Coast (1935), mostró sus dotes contra estrellas más grandes. Luego vino la era del cine negro, donde su intensidad encajaba a la perfección.

  • Double Indemnity (1944): Interpretó a Barton Keyes, el detective de seguros. El hombre al que no se podía engañar.
  • La mujer en la ventana (1944): Un thriller psicológico donde interpretó al investigador que intenta reconstruir una pesadilla.
  • Scarlet Street (1945): Dirigida por Fritz Lang, fue un cambio radical. Robinson interpretó a un contador apacible manipulado por un estafador. Fue inquietante. Tranquilo. Poderoso.

Continuó. Todos mis hijos (1948) lo llevó a la sala del tribunal de la opinión pública. Key Largo (1948) lo emparejó con Humphrey Bogart. La tensión era palpable. Dos gigantes de la pantalla se enfrentan en un hotel de Florida durante un huracán. El personaje de Robinson, Johnny Rocco, era aterrador porque estaba muy tranquilo ante su violencia.

Luego está The Cincinnati Kid (1965). Él era mayor ahora. Los papeles de gángsters se habían desvanecido. Jugó con Sherif, el viejo maestro del póquer. Fue el punto culminante de su carrera. Una reflexión sobre la edad, la habilidad y el legado.

Cómo perdura hoy el legado de Edward G. Robinson