Nuevos datos satelitales revelan un rayo de esperanza para los ecosistemas del planeta: la pérdida global de bosques tropicales se desaceleró significativamente en 2025. Según un análisis del Instituto de Recursos Mundiales y la Universidad de Maryland, la tasa de deforestación cayó un 36% en comparación con las pérdidas récord observadas en 2024.
A pesar de estos avances, la situación sigue siendo crítica. Si bien la disminución es una tendencia positiva, los bosques tropicales todavía están desapareciendo mucho más rápido que hace una década.
Los impulsores del progreso
La reducción de la pérdida de bosques se atribuye a dos factores principales: cambios en los patrones climáticos y acciones políticas decisivas.
- Patrones climáticos favorables: La transición del calentamiento de El Niño a las condiciones más frías de La Niña ayudó a mitigar la actividad de incendios forestales sin precedentes que devastaron los bosques en 2024.
- Voluntad política y aplicación de la ley: El aumento de las protecciones ambientales y la aplicación de la ley más estricta en países clave, específicamente Brasil, Colombia y Malasia, han desempeñado un papel vital.
En Brasil, el impacto es particularmente visible. Excluyendo las áreas perdidas por los incendios, el año pasado el país vio desaparecer sólo unos 5.700 kilómetros cuadrados de bosque tropical antiguo, la cifra más baja registrada desde 2002. Esto sugiere que cuando los gobiernos dan prioridad a la conservación, se obtienen resultados mensurables.
Una recuperación frágil: la amenaza de El Niño
Si bien los datos son alentadores, los científicos advierten que este progreso es frágil. La comunidad global enfrenta un “ataque doble”: el cambio climático provocado por el hombre y la llegada cíclica de El Niño.
El patrón climático de calentamiento de El Niño, que se espera influya en las condiciones a finales de este año, podría aumentar la frecuencia e intensidad de los incendios forestales. Esto crea un peligroso circuito de retroalimentación:
1. El cambio climático crea condiciones más secas y cálidas.
2. El desmonte de tierras elimina las barreras naturales.
3. Los incendios intensos se propagan más fácilmente, empujando potencialmente a los ecosistemas más allá del punto de no retorno.
“El cambio climático y el desmonte de tierras han acortado la mecha de los incendios forestales en todo el mundo”, advierte el profesor Matthew Hansen de la Universidad de Maryland.
El contexto climático más amplio
La lucha por proteger los bosques es parte de una crisis climática más amplia y sistémica. Un informe separado del servicio climático Copernicus de la UE destaca cómo el calor extremo se está convirtiendo en la nueva norma. El año pasado, el 95% de Europa experimentó temperaturas superiores a la media, lo que alimentó incendios forestales que quemaron más de 10.000 kilómetros cuadrados, un área más grande que Chipre.
Desde el derretimiento de los glaciares alpinos hasta temperaturas récord en el Círculo Polar Ártico, la tendencia al calentamiento es global. Para los bosques tropicales, que actúan como “sumideros de carbono” esenciales al absorber CO2, hay mucho en juego. Si estos bosques fallan, la capacidad del planeta para regular su temperatura disminuirá rápidamente.
Conclusión
Si bien una mayor aplicación política en países como Brasil ha logrado reducir la tasa de deforestación, la amenaza inminente de El Niño y el aumento de las temperaturas globales plantean un grave riesgo para estos avances. Para cumplir el objetivo de detener la pérdida de bosques para 2030, los esfuerzos globales deben orientarse hacia hacer que estos ecosistemas sean más resilientes frente a un clima cada vez más volátil.
