Misteriosa nube de metal oculta un posible segundo sol en un sistema distante

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Una enorme nube de metal vaporizado que orbita alrededor de una estrella a 3.000 años luz de distancia puede ocultar un compañero oculto: ya sea un planeta gigante, una estrella de baja masa o incluso una enana marrón. El descubrimiento, detallado en un estudio reciente, plantea preguntas intrigantes sobre la dinámica de los sistemas planetarios y las consecuencias de colisiones catastróficas.

La atenuación inesperada

A finales de 2024, los astrónomos observaron que J0705+0612, una estrella parecida al Sol, se oscurecía drásticamente. Durante casi nueve meses, su brillo se desplomó a solo el 3% de su nivel normal antes de recuperarse lentamente en mayo de 2025. Fluctuaciones tan extremas son raras y señalan inmediatamente un evento inusual. Las estrellas no se desvanecen simplemente sin una razón, lo que hace que este fenómeno sea particularmente notable.

Lo que revelan los datos

Un análisis detallado realizado con los telescopios Gemini Sur y Magallanes reveló un objeto colosal que pasa frente a J0705+0612. El objeto no es un planeta típico o un cinturón de asteroides: es una nube de aproximadamente 15.000 veces el tamaño de la Tierra, ubicada aproximadamente a medio camino entre Saturno y Urano en relación con su estrella anfitriona.

La composición de la nube, estudiada por el espectrógrafo óptico de alta resolución Gemini (GHOST), es rica en metales como hierro y calcio. Esta abundancia metálica es inusual y sugiere algo más que una simple formación planetaria natural. Los movimientos de la nube indican que está mantenida unida por una masa central sustancial.

¿Un compañero oculto?

La masa central podría ser una de tres posibilidades:
– Un gigante gaseoso significativamente más grande que Júpiter.
– Una estrella de baja masa encerrada en una órbita binaria con J0705+0612.
– Una enana marrón, un objeto demasiado pequeño para provocar una fusión nuclear pero demasiado grande para ser un planeta.

La presencia de alta radiación infrarroja sugiere que el objeto central es más probablemente una estrella que un planeta. Determinar la naturaleza exacta de este compañero requerirá más observaciones. La existencia de la nube desafía los modelos existentes de sistemas binarios y discos circumplanetarios.

La historia del origen: ¿un pasado violento?

Se estima que la nube tiene alrededor de 2 mil millones de años, es decir, es más joven que J0705+0612 (que tiene aproximadamente 4,6 mil millones de años). Esto implica que no se formó junto a la estrella, sino después. La teoría principal sugiere una colisión cataclísmica dentro del sistema, similar al evento que se cree que dio origen a la luna de la Tierra. Tal impacto explicaría tanto la edad de la nube como su inusual composición metálica.

“Este evento nos muestra que incluso en sistemas planetarios maduros pueden ocurrir colisiones dramáticas a gran escala”, afirma la astrofísica Nadia Zakamska. “Es un vívido recordatorio de que el universo está lejos de ser estático: es una historia continua de creación, destrucción y transformación”.

La próxima oportunidad de observar este sistema en su totalidad llegará en 2068, cuando se predice que la nube pasará entre J0705+0612 y la Tierra una vez más. Hasta entonces, el misterio de la nube de metal sigue siendo un recordatorio convincente de la naturaleza violenta y dinámica del cosmos.