Empleado del NIH solicita protección para denunciantes después de criticar a la administración Trump

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Una empleada de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) que criticó públicamente los recortes de fondos de la administración Trump para la investigación biomédica solicitó protección federal como denunciante, alegando represalias por parte de sus superiores. Jenna Norton, directora de programas del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales, recibió licencia administrativa remunerada poco después de finalizar el cierre del gobierno de 43 días en noviembre.

La Declaración de Bethesda y la crítica pública

Norton es el autor de La Declaración de Bethesda, una declaración muy crítica que denuncia las políticas de la administración Trump que afectan la investigación biomédica. También ha protestado abiertamente contra el Presidente Trump, el Secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. y el Director de los NIH, Dr. Jay Bhattacharya, participando en manifestaciones semanales fuera del campus de los NIH y organizando eventos vinculados a las protestas más amplias “No Kings” en octubre.

Detalles de la queja

La denuncia del denunciante busca “daños compensatorios apropiados” y solicita el reintegro de Norton a su puesto. La presentación afirma que su licencia administrativa fue una respuesta directa a su crítica pública, argumentando que sus derechos de la Primera Enmienda fueron violados a través de represalias del empleador.

Contexto e implicaciones

Este caso pone de relieve las crecientes tensiones entre los empleados federales y el liderazgo político en lo que respecta a la integridad científica. Los NIH, una institución clave para el avance médico, han sido objeto de un escrutinio cada vez mayor sobre su manejo de la interferencia política, particularmente durante los esfuerzos de la administración Trump por restar importancia o contradecir el consenso científico sobre temas como el COVID-19.

La decisión de buscar protección para denunciantes subraya los riesgos que enfrentan los investigadores que denuncian políticas que perciben como perjudiciales para la salud pública o el progreso científico. Es probable que este incidente alimente un mayor debate sobre la protección de los empleados federales y el equilibrio entre la lealtad política y la integridad profesional dentro de las agencias gubernamentales.

Este asunto probablemente sentará un precedente para casos similares que involucran a empleados federales que optan por desafiar públicamente a sus superiores, lo que refuerza la importancia de las salvaguardias contra represalias políticas en instituciones científicas críticas.