Un pequeño cometa, el 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, ha mostrado un comportamiento sin precedentes: invirtió abruptamente su giro, un fenómeno que podría acabar destrozándolo. Esta es la primera vez que se observa una inversión de este tipo, lo que ofrece una idea de por qué los cometas más pequeños son relativamente raros en nuestro sistema solar.
El giro inesperado
Entre abril y diciembre de 2017, la rotación del cometa cambió drásticamente de dirección, según la investigación del astrónomo David Jewitt publicada en el Astronomical Journal. La causa más probable es la liberación de gases desde la superficie helada del cometa, que actuó como una especie de “propulsor”, desacelerando su giro hasta que se detuvo y luego retrocedió.
Esto no es simplemente un cambio de velocidad; es un completo giro. Inicialmente rotando cada 46 a 60 horas, el cometa aceleró hasta completar una rotación en solo 14 horas en diciembre, lo que indica un cambio de desaceleración a aceleración. Esta aceleración es el cambio de giro más rápido jamás registrado para un cometa.
Por qué esto importa: el destino de los pequeños cometas
Las implicaciones son significativas. Los cometas pequeños, de menos de un kilómetro de ancho, son inherentemente inestables. A medida que pierden masa a través de la desgasificación (la liberación de gases al sublimarse el hielo), giran cada vez más rápido, hasta que se vuelven centrífugamente inestables.
“Giran tan rápido que desaparecen en un tiempo relativamente corto”, explicó Jewitt.
Este proceso explica por qué no vemos tantos cometas pequeños como los más grandes: simplemente se autodestruyen antes de que puedan persistir durante largos períodos.
Una historia de inestabilidad
El cometa 41P asumió su órbita actual hace unos 1.500 años después de un encuentro gravitacional con Júpiter. Orbita alrededor del Sol cada 5,4 años, acercándolo a la Tierra y permitiendo una observación detallada. La reciente inversión de giro fue detectada por primera vez en mayo de 2017 por el Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA, donde se observó que su rotación se desaceleraba. Las imágenes del Telescopio Espacial Hubble de diciembre de 2017 confirmaron la reversión total.
El calor del sol sublima el hielo del cometa, liberando gases que actúan como propulsores, primero deteniendo su giro y luego empujándolo hacia atrás. Este proceso impulsado por el torque es la explicación más plausible para los cambios observados.
En conclusión, la inversión de giro del cometa 41P es una clara demostración de la naturaleza volátil de los cometas pequeños. El proceso resalta una razón clave por la cual estos cuerpos celestes tienen una vida corta y se fragmentan antes de que puedan permanecer en el sistema solar durante períodos prolongados.






























