Nuevos datos de observación han proporcionado la evidencia más sólida hasta la fecha de que la Circulación de Inversión Meridional del Atlántico (AMOC), un sistema vital de corrientes oceánicas, se está desacelerando. Las mediciones realizadas en múltiples lugares del otro lado del Atlántico sugieren que la circulación se está debilitando a un ritmo que podría indicar un movimiento hacia un colapso sistémico.
Entendiendo la “cinta transportadora oceánica”
La AMOC actúa como una cinta transportadora global, desempeñando un papel fundamental en la regulación del clima de la Tierra. El proceso funciona a través de un bucle continuo:
1. Transporte de calor: La corriente transporta agua cálida y salada desde el Golfo de México hacia el Atlántico Norte.
2. Moderación climática: Esta transferencia de calor es la razón por la que Europa occidental disfruta de inviernos mucho más suaves en comparación con latitudes similares en Canadá o Rusia.
3. El mecanismo de hundimiento: A medida que el agua llega al norte, se enfría, se vuelve más densa y se hunde hasta el fondo del océano, fluyendo hacia el sur a lo largo del lado occidental del Atlántico para completar el ciclo.
Por qué esto es importante: Si este ciclo se rompe, la distribución del calor del planeta se verá sumida en el caos. Un colapso podría provocar inviernos drásticamente más fríos en Europa y alterar los patrones vitales de los monzones en Asia y África, afectando la seguridad alimentaria de miles de millones.
Nuevos datos frente a modelos históricos
Durante años, los modelos informáticos han advertido que la AMOC podría cerrar en cuestión de décadas, pero los científicos han luchado por demostrarlo mediante observación directa. Debido a que las mediciones directas de la corriente sólo existen desde hace unos 20 años, ha sido difícil sacar conclusiones a largo plazo.
Sin embargo, un estudio reciente dirigido por Qianjiang Xing de la Universidad de Miami ha cambiado el panorama al analizar datos del conjunto RAPID-MOCHA, una línea de amarres anclados que se extiende desde las Bahamas hasta las Islas Canarias.
Hallazgos clave del estudio:
- Disminución acelerada: Entre 2004 y 2023, la AMOC se debilitó aproximadamente 10%.
- Reducción del flujo: El flujo está disminuyendo aproximadamente 90.000 metros cúbicos de agua por segundo cada año, un ritmo más rápido que el registrado anteriormente.
- Confirmación en múltiples latitudes: Para tener en cuenta la incertidumbre de los datos, los investigadores analizaron los cambios de presión en cuatro latitudes diferentes en el Atlántico occidental (cerca de las Indias Occidentales, la costa este de EE. UU. y Nueva Escocia). Los resultados mostraron un patrón consistente y coherente de debilitamiento en todos los lugares.
El papel del derretimiento del hielo
El principal factor detrás de esta desaceleración parece ser el derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia.
A medida que el hielo se derrite, vierte enormes cantidades de agua dulce en el Atlántico Norte. Esto diluye la salinidad del océano; Como el agua dulce es menos densa que el agua salada, no se hunde tan fácilmente. Este “refresco” del agua impide el flujo descendente que impulsa todo el sistema de circulación, obstruyendo efectivamente la cinta transportadora.
“La tendencia sería coherente con un avance hacia el punto de inflexión”, advierte Shane Elipot de la Universidad de Miami.
Conclusión
El estudio proporciona una “imagen coherente” del debilitamiento de la circulación en las profundidades del océano que coincide con los modelos climáticos de larga data. Si bien el cronograma exacto sigue siendo incierto, estos hallazgos sugieren que el Atlántico se está acercando a un punto de inflexión crítico, lo que requiere una observación oceánica ampliada y urgente para comprender la escala del cambio que se avecina.
