Las últimas fortalezas de los neandertales: adaptarse a la supervivencia, no sólo al frío

20
Las últimas fortalezas de los neandertales: adaptarse a la supervivencia, no sólo al frío

Durante décadas, los neandertales han sido retratados como homínidos adaptados al frío, resistentes supervivientes de paisajes glaciares. Pero la evidencia arqueológica emergente pinta un panorama diferente: Los neandertales no fueron necesariamente construidos para el frío, sino más bien adaptados a ambientes donde podían sobrevivir. Estudios recientes revelan que sus refugios finales no fueron el norte helado, sino los paisajes más cálidos y estables del sur de Europa, lo que sugiere una historia más compleja y resistente de lo que se entendía anteriormente.

Desafiando el mito de la adaptación al frío

La suposición arraigada durante mucho tiempo de que los neandertales prosperaron en condiciones gélidas ha sido sacudida por un análisis anatómico detallado. Un estudio del hombre de Altamura, un neandertal italiano notablemente conservado, no encontró ninguna estructura nasal especializada para calentar el aire inhalado, una característica que alguna vez se consideró universal entre estos homínidos. El investigador Todd Rae afirmó sin rodeos que la idea de que los neandertales estuvieran adaptados al frío es “una completa tontería”, lo que implica que lucharon contra el frío tanto como lo harían los humanos modernos.

Esta revelación se alinea con la evidencia de que los neandertales fueron probablemente los primeros en dominar el fuego controlado hace 400.000 años en el sur de Inglaterra. La capacidad de crear fuego no fue sólo un salto tecnológico; era una necesidad conductual para sobrevivir en climas donde sus cuerpos no eran aptos naturalmente.

Refugios del Sur: un clima estable para la supervivencia

A medida que los períodos glaciales se intensificaron, los neandertales se retiraron del norte y este de Europa, consolidándose en la Península Ibérica y el sur de Europa. Estas regiones ofrecían una ventaja crucial: la relativa estabilidad climática. Un estudio realizado en el noreste de España demostró que la zona permaneció cálida y húmeda hace entre 215.000 y 10.000 años, protegida por la influencia del Mediterráneo. Esta estabilidad proporcionó un refugio donde los neandertales podían persistir más tiempo que en ambientes más hostiles y volátiles.

El registro arqueológico lo respalda. Sitios como la cueva Lazaret en Francia revelan a los neandertales cazando uros, ciervos y lobos en paisajes boscosos, no en capas de hielo áridas. Cova del Gegant en España muestra una dieta rica en especies de bosques y arbustos, incluidas aves migratorias, lo que indica un ecosistema diverso que las sostuvo mucho más allá de lo que permitiría un estilo de vida puramente adaptado al frío.

Adaptarse al cambio: los últimos días

Incluso cuando su área de distribución se redujo, los neandertales demostraron adaptabilidad. En Riparo l’Oscurusciuto, en Italia, la evidencia muestra que cambiaron sus fuentes de combustible y quemaron más pasto a medida que los bosques disminuyeron hace unos 42.800 años. Esto no fue desesperación; fue una respuesta calculada al cambio ambiental, mostrando su capacidad de flexibilidad conductual.

Sus puestos finales, como Cova Eirós en España, revelan un éxito continuo en la caza mayor, incluido el ciervo e incluso el oso de las cavernas. Si bien la evidencia directa de sus hábitos de caza es escasa, la presencia de marcas de carnicería en los huesos sugiere un uso práctico y eficiente de los recursos disponibles.

Prácticas culturales y el final de la línea

La cuestión de la cultura neandertal sigue siendo compleja. A diferencia de otros yacimientos, las prácticas funerarias de los neandertales ibéricos no están claras; algunos restos se encontraron en los pozos de las cuevas, posiblemente como una forma de deposición natural, mientras que otros pueden haber estado sujetos a canibalismo funerario, una práctica vista de manera diferente según las culturas.

El capítulo final de los neandertales está marcado por cambios ambientales. Un clima seco hace unos 39.000 años probablemente agotó sus recursos, aunque no fue la única causa de su extinción. El mestizaje con humanos modernos y la llegada de una nueva especie dominante jugaron un papel crucial en su desaparición.

En última instancia, los neandertales no fueron simplemente víctimas del frío; Eran homínidos adaptables que persistieron durante cientos de miles de años, innovando y cambiando hasta el final. Su legado genético sigue vivo en muchos humanos modernos, un recordatorio de que la historia de nuestra especie no es la de un simple reemplazo, sino de una interacción compleja y una influencia duradera.