Sir Anthony Leggett: un físico formado por el Sputnik y la mecánica cuántica

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Sir Anthony Leggett, un físico pionero cuyo trabajo permitió una comprensión más profunda de los superfluidos y superconductores, murió a los 87 años. Su carrera se vio inesperadamente influenciada por el lanzamiento soviético del Sputnik en 1957, que desencadenó una lucha occidental para reforzar la educación científica. Este evento permitió a Leggett, un erudito clásico de formación, obtener una segunda licenciatura en física en Oxford, donde se destacó.

De los clásicos a la física cuántica:
Leggett inicialmente estudió “Grandes”, una combinación rigurosa de literatura clásica, historia antigua y filosofía, antes de pasarse a la física. Más tarde recordó que el Sputnik obligó a los responsables políticos a priorizar la ciencia, creando oportunidades de becas para estudiantes de humanidades como él. Sin este cambio, su camino para convertirse en premio Nobel tal vez nunca hubiera sucedido.

La investigación de Leggett se centró en el extraño pero fundamental comportamiento de la materia a niveles atómicos. Investigó los superfluidos (líquidos que fluyen sin fricción) y los superconductores, materiales capaces de conducir electricidad sin resistencia. Su trabajo reveló cómo la mecánica cuántica afecta los fenómenos cotidianos, explicando las propiedades únicas del helio-3 en su estado superfluido. Este descubrimiento tuvo aplicaciones en cosmología, física de partículas y ciencia de materiales.

Reconocimiento Nobel y vida posterior:
En 2003, Leggett compartió el Premio Nobel de Física con Alexei Abrikosov y Vitaly Ginzburg por sus contribuciones a la teoría de superconductores y superfluidos. El comité del Nobel destacó cómo sus hallazgos abrieron puertas a la investigación en otros campos. Pasó décadas como profesor en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, conocido por su entusiasmo y visión de futuro.

La vida temprana de Leggett estuvo marcada por la tradición académica y la educación católica, que fomentó una mentalidad independiente, incluso iconoclasta. Una experiencia formativa incluyó la inmersión en la vida estudiantil japonesa en la Universidad de Kyoto, donde su comportamiento generó sospechas de espionaje. Su dedicación a la investigación nunca flaqueó y sostuvo que incluso el trabajo aparentemente desperdiciado puede resurgir más adelante.

“Recuerde que ninguna investigación realizada honestamente se desperdicia, incluso si así lo parece en el momento”, dijo una vez Leggett.

Le sobreviven su esposa, Haruko Kinase-Leggett, su hija Asako y sus hermanas Judith y Clare. El legado de Sir Anthony Leggett perdura como testimonio del poder transformador de la curiosidad científica y de las fuerzas impredecibles que dan forma a las carreras.