La violencia escribe la historia.
El telescopio espacial James Webb acaba de darnos un vistazo al trauma oculto de una galaxia.
Se llama Centauro A.
Ahora mismo parece tranquilo, casi elegante. Filamentos blancos. Nubes de color rosa pálido. Pero mira más de cerca. Es una ruina. Un hermoso y resplandeciente naufragio.
No pudimos ver esto antes. No precisamente.
La mentira del polvo
¿Telescopios más antiguos? Estaban jugando a través de la niebla.
El Hubble. Spitzer. Incluso a los gigantes terrestres de Chile les gusta el Very Large Telescope. Vieron lo que vemos con nuestros ojos. Gruesas franjas de polvo oscuro. Paredes opacas. El centro estaba bloqueado. Oculto. Adivinamos qué había detrás.
A JWST no le importa la luz visible. Caza en infrarrojos.
“La luz infrarroja puede atravesar ese polvo”, señalan los científicos, descorriendo efectivamente la cortina.
Entonces, cuando el instrumento de infrarrojo medio del JWST apuntó hacia Centaurus A, la niebla se disipó.
De repente, el centro brilla. Brillante. Activo. Violento.
Puedes ver los bucles. Las hebras de polvo cálido se extienden por el marco como nervios en un cerebro. O grietas en el hormigón.
Dos mil millones de años de colisiones
No siempre fue así.
Hace unos dos mil millones de años, Centauro A tenía un amigo. Otra galaxia.
No se tomaron de la mano.
Se estrellaron.
Fue una fusión desordenada y en cámara lenta que desgarró estructuras y las volvió a unir en formas extrañas. JWST captó la evidencia. ¿Mira esa estructura deformada de color gris y blanco que atraviesa el centro? Un paralelogramo de escombros. ¿Mirar hacia arriba y hacia abajo? Cintas rosas curvadas en forma de S.
Cicatrices.
Todo esto se remonta a ese único evento catastrófico. Reformó todo. La formación de estrellas se desencadenó y luego se limitó. El gas se agitó. La gravedad ganó el juego largo, pero dejó huellas por todas partes.
El monstruo del medio
¿Por qué importa?
Porque en el centro de este desastre se encuentra un agujero negro supermasivo. Un devorador de mundos. Un alimentador activo.
Mientras se atiborra de materia que cae, no se queda ahí sentado. Escupe energía. Grandes cantidades de ello. Potentes chorros salen disparados desde el centro, esculpiendo el gas a su alrededor.
Impulsa el nacimiento de estrellas. Pero también lo ahoga. Un paseo por la cuerda floja por la galaxia. Edificio de un lado. Un lado destruyendo.
¿Quién podrá vivir en este caos?
No es la última mirada
Esta foto proviene del final del cuarto año de trabajo de Webb.
¿Se lanzó el 25 de diciembre de 2001? No. 2021. Día de Navidad.
Ahora sigue funcionando y se espera que siga funcionando durante unos 20 años en total. Eso significa que hay muchas más historias ocultas ahí fuera, esperando que ojos infrarrojos las encuentren.
Creemos que conocemos el espacio. Probablemente no lo hagamos.






























