Los primeros ensayos clínicos sugieren que la dimetiltriptamina (DMT), un compuesto psicodélico clave que se encuentra en la bebida amazónica ayahuasca, podría ser un tratamiento revolucionario para la depresión. Un estudio de fase II patrocinado por Small Pharma (ahora Cybin UK) y dirigido por el Dr. David Erritzoe del Imperial College de Londres, demostró que los participantes que recibieron una formulación de DMT inyectada experimentaron mayores reducciones en los síntomas depresivos en comparación con un grupo de placebo. Los hallazgos, publicados en Nature, son preliminares pero resaltan el potencial de los psicodélicos en la atención de la salud mental.
El auge de la terapia psicodélica
Esta investigación marca el último paso en una ola creciente de terapia asistida por psicodélicos. En 2019, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) aprobó Spravato, un aerosol nasal a base de ketamina, para la depresión resistente al tratamiento, el primer fármaco adyacente a psicodélicos en obtener la aprobación de la FDA. Se están realizando ensayos con otras sustancias, incluida la psilocibina (de los “hongos mágicos”) y la MDMA, aunque la FDA rechazó recientemente la terapia asistida por MDMA para el trastorno de estrés postraumático debido a preocupaciones sobre la confiabilidad de los datos.
¿La diferencia clave? A diferencia de la ayahuasca tradicional, que implica una experiencia prolongada y a menudo físicamente desafiante (incluidos los vómitos), el DMT sintético utilizado en este ensayo ofrece un efecto psicodélico rápido de 30 minutos sin inducir náuseas. Algunos investigadores, como el Dr. Daniel Perkins de la Universidad de Melbourne, señalan que el aspecto purgativo de la ayahuasca puede ser catártico para algunos pacientes, pero la formulación clínica prioriza la eficiencia.
Por qué esto es importante: más allá de la solución rápida
Los psicodélicos como el DMT y la psilocibina pueden tener beneficios terapéuticos incluso fuera de los entornos clínicos, a diferencia de la MDMA, que carece de evidencia similar y presenta riesgos de contacto físico inadecuado durante la terapia. Pero el camino hacia una adopción generalizada no es sencillo. La FDA regula medicamentos, no terapias, lo que significa que las compañías farmacéuticas pueden optimizar las formulaciones para obtener ganancias en lugar de cuidar al paciente.
El mayor obstáculo: La terapia asistida por DMT todavía requiere administración clínica, inyecciones y orientación del terapeuta. Esto puede resultar menos atractivo que una simple pastilla para muchos pacientes. Más importante aún, el DMT no es una “solución rápida”. Puede acelerar la autoconciencia, pero una mejora duradera depende de que los pacientes hagan cambios difíciles en su vida, como dejar trabajos o relaciones tóxicas y trabajar con terapeutas a lo largo del tiempo.
“Puede actuar como catalizador”, explica Tommaso Barba, autor del estudio del Imperial College de Londres. “A menudo la mejora proviene no sólo del DMT, sino de la capacidad de tomar decisiones incómodas con el tiempo”.
El pequeño tamaño del ensayo y su naturaleza preliminar justifican una mayor investigación. Pero los resultados ofrecen evidencia convincente de que los psicodélicos, cuando se administran de manera responsable con el apoyo terapéutico adecuado, podrían remodelar la atención de salud mental.
