Los incendios forestales de Alaska alcanzan su máximo en 3.000 años en medio de rápidos cambios en el Ártico

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Los incendios forestales en el norte de Alaska son ahora más frecuentes y graves que en cualquier otro momento de los últimos 3.000 años, según una nueva investigación publicada en Biogeosciences. Esto no es simplemente un repunte reciente; Representa un cambio fundamental en el régimen de incendios de la región, impulsado por el cambio climático y una rápida transformación del paisaje ártico.

La cambiante carga de combustible del Ártico

Durante milenios, la tundra del norte de Alaska estuvo dominada por juncos y musgos, vegetación que no se quema fácilmente. Sin embargo, el aumento de las temperaturas está provocando que el permafrost se derrita y los arbustos se extiendan por el paisaje, un proceso conocido como “arbusificación”. Estas plantas leñosas proporcionan combustible mucho más inflamable, lo que aumenta drásticamente el riesgo de incendios forestales. No se trata sólo de temperaturas más cálidas: se trata de un ecosistema que se reestructura para arder más fácilmente.

Los investigadores analizaron núcleos de suelo de nueve turberas entre Brooks Range y el Océano Ártico, que datan de hace 3.000 años. Estos núcleos revelaron un fuerte aumento en los depósitos de carbón a partir de mediados del siglo XX, superando cualquier actividad de incendios forestales anterior. Combinado con datos satelitales de 1969 a 2023, el estudio ofrece una imagen clara: los incendios forestales actuales no se parecen a nada visto en esta región en tres milenios.

Por qué esto es importante: más allá de Alaska

Los hallazgos no se refieren sólo a Alaska. La vertiente norte sirve como referente de los ecosistemas de la tundra ártica en todo el mundo. A medida que continúa el calentamiento, es probable que la misma dinámica (deshielo del permafrost, expansión de los arbustos y aumento de los rayos) se desarrolle en todo el Ártico, lo que provocará incendios forestales más frecuentes e intensos.

La investigación también sugiere una tendencia inquietante: algunos incendios recientes arden a temperaturas tan altas (más de 930 °F) que solo dejan cenizas, no carbón. Esto significa que los registros de incendios actuales pueden subestimar la verdadera gravedad de los incendios recientes, ya que el calor extremo destruye la evidencia de quemaduras pasadas.

El circuito de retroalimentación

El aumento de los incendios forestales es un ciclo que se refuerza a sí mismo. A medida que el permafrost se derrite, drena el agua superficial, favoreciendo el crecimiento de arbustos en lugar de juncos y musgos que dependen de la humedad. Más arbustos significan más combustible, lo que provoca más incendios, lo que acelera aún más el deshielo del permafrost y los cambios en la vegetación.

Como explica la autora principal, Angelica Feurdean, “si hay temperaturas más altas, habrá una mayor cobertura de arbustos, más biomasa inflamable y, por lo tanto, más incendios”. Esto crea un peligroso circuito de retroalimentación que podría remodelar el paisaje ártico en las próximas décadas.

La actual actividad de incendios forestales en el norte de Alaska no es sólo una consecuencia del cambio climático; es un presagio de cambios más severos por venir. El Ártico se está calentando al doble del promedio mundial, y estos hallazgos demuestran que la región está alcanzando un punto de inflexión en el que los incendios forestales ya no son un evento ocasional sino una fuerza dominante que da forma al ecosistema.